Cuando enciendes el iPod y conectas los cascos, subes el volumen a tope y te limitas a estar tirado en la cama, inmerso en el mundo de la música y alucinando con cada simple redoble de batería y solo de guitarra, con la magnífica voz del cantante, con la base que se repite una y otra vez... Entonces es cuando merece la pena haberte despertado aquél día. Porque conseguir ése rato escuchando la música que te gusta y evadiéndote del mundo no tiene precio.
Si de verdad sabes lo que es la música, lo habrás sentido alguna vez. El corazón se te acelera mientras empieza la canción, paladeas cada una de las notas, tan conocidas, sonríes, eufórico, mientras el cuerpo se te llena de ésa sensación de que puedes hacer lo que quieres, que eres el más poderoso del mundo y que estás flotando sobre espuma... Y entonces, te entran ésas ganas de bailar. Aunque se te dé fatal, aunque seas un torpe, durante ésos minutos escuchando la música y bailando tal y como te dicte tu corazón, sin prestar atención a nada más que al ritmo de la música y no que unos pasos predeterminados... durante ésos minutos te sientes un bailarín experto, como si estuvieras en un concierto con millones de fans, los focos apuntándote, el rugido sordo de la multitud, como si estuvieras en la cumbre del mundo y pudieras observar el hermoso paisaje a tus pies.
Y luego, si cierras los ojos y te concentras en la música, vas más profundo, y te sientes como un explorador descubriendo todos los tipos de sonidos que juntos forman la canción. Oyes la batería, y deseas ser el que la toca; la guitarra despide notas desenfrenadamente y te encantaría hacer lo mismo; el piano electrónico emite unas deliciosas entonaciones que te hacen querer convertirte en ondas y viajar por el escenario convertido en música.
Una vez consigues pasar la voz del cantante y escuchar sólo los instrumentos, te sientes como un ser etéreo y vaporoso, viajando en un mundo de alucinaciones, colores brillantes y euforia.
¿Habéis sentido eso alguna vez? Acaba muy rápido, en realidad. Pero si de verdad te fundes con la música, te sientes tan inspirado cuando termina, que te sentirías capaz de saltar por la ventana y alejarte volando hacia tu sueño.
La música, además de entretenimiento, es mucho más para mí. Es mi flotador en medio de un mar de desesperación, ocupaciones, responsabilidades y vida cotidiana. Gracias a ella, consigo dejar de ser la niña de trece años que nunca conseguirá su sueño de viajar a Miami y convertirse en actriz... y paso a ser una chica segura de sí misma, repleta de oportunidades para cumplir mi sueño.
Y estoy orgullosa de decir que, pase lo que pase en el futuro, siempre llevaré los cascos colgados del cuello, y en todo momento, me cubriré las orejas con ellos y me sumergiré de nuevo en ése universo lleno de esperanza que me trae la música.